Hacía tiempo que no me sentaba en este banco del soñar,
ni miraba a través del caleidoscopio para ir al mundo de luces de colores,
coches sin olores y aviones de papel que se dibujan sobre el ventanal,
allá donde la gente mira sin odio ni rencores.
Hoy llegué de nuevo a ese lugar como la última vez
y, sin saberlo, me quedé a esperar.
Sigo por un camino que voy coloreando al andar,
da igual dónde lleve, pero que no pare, que no sea breve...
De nuevo ella a mi lado se volvió a sentar;
donde fuera que fuere, que me lleve despacio,
mi camino circular, esta vez me tendré que levantar.
Huelo su
perfume color castaño, está delante de mí,
su pelo se eleva y surca el aire reflejándose en el cristal,
me acerco despacio, suave... casi sin respirar.
Esta vez mi camino a ella me llevará,
sin marcha atrás, así que cierro los ojos...
y me dejo llevar.
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