Por las calles llenas de gente se te veía pasear,
cuatro trapos viejos sobre su cuerpo la cubrían,
no sentía ni frío ni el pesar de una vida amargada, llena de vacío, que la
trató mal.
¿Qué has hecho con ella, frío azul de mi tierra?
Y tú que pensabas que podrías pasear de aquí para allá,
que a ti la vida nunca te podría maltratar, y ahí estás...
arropada por manos sin piedad, manos frías,
sucias, que sin caricias te dijeron que te iban a arropar.
Llena de
púas clavadas y tirada, dicen que te vieron llorando,
más desgarrada el alma que tu piel arañada,
que, cubierta por harapos, tu cuerpo moreno tapaba.
¡Qué has hecho con ella, frío azul de mi tierra!
Solo era una niña que paseaba por tus playas descalza,
con un pareo rojo y una mirada que al cielo le gritaba:
«Seré libre en las manos de mi tierra amada».
Aquí ya
nadie te recuerda, niña,
y allí estás ahora mirando hacia abajo,
desde el frío cielo donde un día tu tierra te acogió,
donde un día tu tierra te maltrató...
Ahora
eres tú quien empaña mi cristal en las mañanas,
cuando me levanto y caigo en la cuenta de que tú... vida,
y la mía nunca fueron para estar unidas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario