La vida es fantástica, todo lo que te ocurre y todos los retos que acabas superando te muestran el valor de las pequeñas cosas.
En su momento me enseñaron a buscar el origen de la causa de manera minuciosa, dando con lo que te motiva a hacer una cosa u otra, a entender por qué somos de una manera o de otra. Pero aún sigo sin poder categorizar ni aplicar ninguno de los métodos aprendidos con las personas, eso es porque somos seres cambiantes... Hoy algo es complejo y mañana puede ser tan sencillo... y no por eso debe estar mal, sino todo lo contrario; tenemos mucha facilidad para categorizar a las personas por esto.
Estamos vivos y nos adaptamos, entendemos cosas que antes no comprendíamos y eso nos hace crecer como humanos, cosa muy difícil en estos días donde la frivolidad está tan latente. Así que me sorprenden las personas que dejan ese egoísmo a un lado y se enfrentan a este nuevo reto con un espíritu libre, proyectando toda su energía de manera positiva a lo que está por acontecer.
Para la vida no hay una vara de medir, no es sano emitir juicios de valor o tener cierta predisposición a las personas y las situaciones, hay que saber moldearse y entender en qué momento estás tú y el que estás viviendo.
Cambiar es sano, es bello y te hace florecer. Te hace libre y capaz de tomar decisiones correctas para luego mirar atrás sin pena ni remordimiento, porque cambiar es parte de nuestra naturaleza y quien se resiste se construye un muro, te lo digo yo.
Uno tan grande que, aun siendo difícil crear una fisura, siempre puede encontrarse con el momento y la persona que sin esfuerzo entre por sus brechas y lo fracture, como las olas que combaten lentamente pero constantes contra las grandes rocas de los acantilados, al final siempre ceden. Se puede.