Se trata de que de toda experiencia saques una conclusión, ya sea buena o mala, de eso se trata. Y tú, ignorante, que piensas que todas las mentes son sanas, que tu buena intención te ayudará a descubrir los entresijos de la vida... al final te comes un mojón, pero de kilo y medio.
El pez grande siempre, siempre, siempre se comerá al pequeño, ley natural. Ya te puedas poner tú como te pongas y vayas con la intención que vayas, que si tu tarta es jugosa al otro se le antoja y, si puede distraerte, zancadillearte o directamente no andarse con rodeos, porque sabe que las tienes todas con él, se la comerá y aun así se quedará con hambre el muy animal.
Es ese problema social de la insaciable hambruna, no ya solo la del mundo en el que vivimos, que con lo que nos sobra alimentaríamos a medio planeta, o, aún peor, quitarles la materia prima para tratarla y dársela por un módico precio.
Son esas personas que, viendo que hay cookies para todos y sin necesidad de más, se las quedan todas para después encima vendértelas haciéndote un favor (¡toma ya!). Y si esto pasa en una pequeña comunidad en la que los agentes sociales no saben o no quieren poner medios para combatir esta desigualdad, qué me vas a contar de lo que somos en el conjunto de la sociedad. Pues un mero reflejo de esto que vivimos... luego viene el llanto.
Impuestos, IVA, tasas, médico, facturas... y luego a dormir feliz con Netflix, así nos va.