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viernes, 16 de agosto de 2019

Tostada de jamón vs el pan tumaca

Ahora que tengo tu atención de la manera más sutil que sé, vamos a hablar de esa parte de la sociedad (entes detrás de pantallas) que, sin saber y, aún peor, ni molestarse por hacerlo, nos cuenta películas superficiales y comparte sus ridículas opiniones, que proliferan del cubo de la basura de las redes (entono el mea culpa, por ser quien usa igualmente esto para llegar a unos cuantos defectuosos sociales).

Frases absurdas con palabras de diccionario que solo gustan a tres y uno es su persona (a saber quiénes serán los otros dos), y que releerán y con las que sentirán que aportan a esta comunidad global un punto de vista crítico que les hará despertarse esta mañana con ganas de cereales ecológicos.

Voy a hacer algo que, por lo que se ve, se me da bien: simplificar un problema y desmenuzarlo, pero aviso de que no es nada que ya no se sepa. Es un problema común generado por la sociedad actual, la globalización y los medios de comunicación, entre otros...

Que te han vendío la moto, chaval, que tu cultura no es la mejor ni tu manera de vestir, y esa manera de dejarte el quiriqui o barba, eso es lo que quieren ellos que tengas y no ha surgido de ti para sentirte diferente. Es solo un método muy humano que usan en su favor (económico) para que te adaptes y pertenezcas a un grupo que vende, me da igual el nombre.

Esto hace que ese sentido de pertenencia limite tu rango y capacidad creativa de ver la vida y el entorno. Esta es la aldea global que, de la misma manera que nos informa, igualmente nos desinforma o neutraliza nuestra capacidad de empatía, y más aún cuando no sabemos usar los medios de manera crítica.

Y aquí es cuando surge el etnocentrismo, motivado por esa idiotización de la incapacidad crítica de observar los medios, donde creemos a pies juntillas que en cualquier lado del mundo las cosas se hacen de una manera absurda porque creemos que la nuestra es la correcta; véase tostada de jamón vs. el pan tumaca...

El desconocimiento cultural puede ser combatido desde una educación más social y apolítica que nos da una herramienta que, a la vez, puede ser un arma a favor o en contra de lo que esperamos de nuestra sociedad: la capacidad de elegir en esta democracia (ficticia, pero ya esto es otra historia) que nos intentan vender.

Así que, queridos defectuosos sociales que os habéis molestado en llegar a esta última frase, leed y viajad, que el relativismo cultural sea parte de todos.


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