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jueves, 17 de diciembre de 2009

Huellas.

Sobre esta tierra mojada mi huella permanecerá
con olas de tinta de la pluma que sostengo,
gotas que caen sobre el papel que atraviesa
y marca una mentira sobre la mesa,
que mis dedos dolidos muestran como promesas.

No me engañes y muestra la cara de tu verdad,
no digas que sabes volar y luego te arrastres para ocultarte,
que tus alas mojadas ya nunca se alzarán,
siendo demasiado tarde cuando por fin quieras soñar,
así que anda y termina el camino que no te dejaron comenzar.

Recuerda... solo debes coger un atajo,
el que te haga huir de tu verdad.


Mejor soñaré...

Hacía tiempo que no me sentaba en este banco del soñar,
ni miraba a través del caleidoscopio para ir al mundo de luces de colores,
coches sin olores y aviones de papel que se dibujan sobre el ventanal,
allá donde la gente mira sin odio ni rencores.
Hoy llegué de nuevo a ese lugar como la última vez
y, sin saberlo, me quedé a esperar.

Sigo por un camino que voy coloreando al andar,
da igual dónde lleve, pero que no pare, que no sea breve...
De nuevo ella a mi lado se volvió a sentar;
donde fuera que fuere, que me lleve despacio,
mi camino circular, esta vez me tendré que levantar.

Huelo su perfume color castaño, está delante de mí,
su pelo se eleva y surca el aire reflejándose en el cristal,
me acerco despacio, suave... casi sin respirar.
Esta vez mi camino a ella me llevará,
sin marcha atrás, así que cierro los ojos...
y me dejo llevar.


Saber cuando me distraigo

Normalmente no me siento a pensar, simplemente llega y ya está. Puede ser durante el día, paseando por la calle y escuchando los coches pasar; puede ser en mi habitación, sobre mi cama, escuchando a alguien cantar. Pero os aseguro que siempre me ocurre cuando me encuentro tranquilo, sin prisas, sin estrés, cuando no hay presión ni agobios. Simplemente llega y ya está.


miércoles, 16 de diciembre de 2009

Frio azul de mi tierra

Por las calles llenas de gente se te veía pasear,
cuatro trapos viejos sobre su cuerpo la cubrían,
no sentía ni frío ni el pesar de una vida amargada, llena de vacío, que la trató mal.
¿Qué has hecho con ella, frío azul de mi tierra?
Y tú que pensabas que podrías pasear de aquí para allá,
que a ti la vida nunca te podría maltratar, y ahí estás...
arropada por manos sin piedad, manos frías,
sucias, que sin caricias te dijeron que te iban a arropar.

Llena de púas clavadas y tirada, dicen que te vieron llorando,
más desgarrada el alma que tu piel arañada,
que, cubierta por harapos, tu cuerpo moreno tapaba.
¡Qué has hecho con ella, frío azul de mi tierra!
Solo era una niña que paseaba por tus playas descalza,
con un pareo rojo y una mirada que al cielo le gritaba:
«Seré libre en las manos de mi tierra amada».

Aquí ya nadie te recuerda, niña,
y allí estás ahora mirando hacia abajo,
desde el frío cielo donde un día tu tierra te acogió,
donde un día tu tierra te maltrató...

Ahora eres tú quien empaña mi cristal en las mañanas,
cuando me levanto y caigo en la cuenta de que tú... vida,
y la mía nunca fueron para estar unidas.


Rompiendo barreras...

La primera vez que me distraje fue esta. Algo confuso me debí quedar; nunca creí que fuera capaz de escribir algo así...


Letargo olvidado

Me perdí entre los pliegues de su piel,
sin nada de sabor,
dejando de ser algo amargo al transmutar su dulzor,
¿y convertirse en mi descanso?

Me entierro entre mantas cuando llego a esta cueva infértil,
buscando escuchar otra vez el cuento de las sábanas blancas,
así que, por favor, entra a despertarme de este letargo,
porque aquí sigo en el mismo lugar, sigo durmiendo sin soñar.

Recuerda que yo no te desperté,
recuerdas que ya estabas allí de pie,
hacías que toda mi suerte en un solo instante desapareciese,
velando para no hacerme creer más en ella,
creyendo que no había nadie que me comprendiera.

Lo sé... estoy muy mal,
la veo en mis pesadillas,
esperando que esta sensación se marchite.

Por ella casi mi alma empeñé,
y esperando quedé a nadie para enseñarme a olvidar,
a quienquiera que fuera y me viniera a rescatar.


Desde un lugar de mi hogar...

Una vez leí:
«Dicen que escribir un libro es como tener un hijo, por eso me pongo la mano en el corazón y pido perdón, porque tal vez no estaba preparado para ser padre de ninguno de los dos».

Realmente, no he hecho ninguna de las dos cosas, pero mi niña es para mí como una hija y escribir este blog será lo más parecido a escribir un libro. Así que espero que todo aquel que lea mis palabras no espere más de lo que pretendo conseguir; que todos sepan que, al igual que me dan, yo también doy.

¿Para qué hago esto? Pues para liberar todo lo que recibo...

¡Besitos! Y bienvenido.