¿Qué pensaste cuando creíste que ese último momento no llegaría para ti? Mientras... los días se hacían semanas y las semanas, meses. Lo que empezó a ser algo divertido se convertía en pura usanza, pasando de la apatía a un quiste en tu día a día.
¿Recuerdas cuando te levantabas aquellas mañanas de invierno? Daba igual el plumón o el peso de las mantas, daba igual la estufa o el chisporroteo de la lumbre, daba igual la bufanda o el jersey de lana. El fresco no se roba con plumas ni algodón, los pies siempre fríos siguen siendo la raíz de tu corazón.
Sin espejos nuevos, sin rutina, sin nada que mirar, sin nada que echar de menos. Con un jardín demasiado cargado de plantas para ocupar un único tiesto y demasiado pequeño para la única flor, un animal en el tejado que se escapa y no vuelve.
Y de repente apareció...