Hay muchas cosas que nos hacen pensar, descubrir y encontrarnos con nosotros mismos. Muchas veces estas cosas (situaciones, momentos, circunstancias...) son imprevistas y vienen cuando uno no se las espera o, en cambio, cuando hemos luchado mucho por ellas. Está claro que la segunda posibilidad es más deseada, porque es, al final, uno de los muchos objetivos que nos vamos marcando (y quiero pensar que siempre positivos).
Cuando un día te levantas pensando en qué quieres hacer, lo importante no es hacer por hacer algo, es hacer algo que sume al final del día al pequeño motivo y objetivo por el que te levantaste. Ya sea buscar a tu niño al colegio o decir «te quiero» a la persona que tienes a tu lado, si eso realmente suma para conseguir tu felicidad, no lo dudes y hazlo. Ahora sí, si el objetivo de tu felicidad inhibe el de otra persona, es algo muy distinto. Como bien se dice, y aunque suene monótono, «tu derecho se acaba cuando empieza el del otro». Con esto lo que quiero decir es que, busques lo que busques y quieras lo que quieras, debes aprender a respetar; al final es lo que marca la diferencia entre unos y otros.