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domingo, 24 de noviembre de 2013

Ocultarse

¿Qué vas a hacer con tu vestido de volantes? Pasear por calles de gente vacía esperando a alguien.

Quiero sentir tu respiración bajo tu camisa de cuadros, notar tu aroma mientras vence mi cansancio.

Desabróchate lentamente la piel que cubre tu piel y deja brotar el color que intentas oscurecer, que surja libre de anhelos pasados, que viva el presente con sentimientos enfrentados.

Risas perdidas entre sábanas mostrando el deseo prohibido de un cuerpo que se oculta, revuelto entre abrazos y caricias que ansían encontrarse y brindar por un segundo de locura.


martes, 19 de noviembre de 2013

La vieja y el grano

Vieja silenciosa de mirada perdida en un tiempo que estuvo por llegar, abrazaste el trigo y amaste su grano.

No hay día sin lluvia que mire aquella calle y vea vieja esterilla tirada, mojada. Risas baldías se clavaron en mi recuerdo para maldecir el día que nunca llegó.

Sonreíste y callaste; maldito sea el mediodía en que tú, vieja, te marchaste. Ahora la sombra de la lluvia recorre mi calle y me recuerdas graciosa, tirada como lastre.

Aquí aún hay alguien que mira la lluvia y recuerda tus manos: viejas, cariñosas y dispuestas a dar lo que nunca esperaste. Recuerdos lejanos te quedaron y con ellos te marchaste...


Mentiras y silencio

Y descubrir que todo fue el transcurso de una historia que, sin contar nada, vio cómo entre las hojas se desvanecía, y mirar atrás y apreciar que el momento pasó para convertirse en un leve recuerdo.

Quién te diría que la verdad fue moldeándose a tu antojo, cambiando a mil formas para mostrarse cruel con las peripecias del tiempo. Qué dirías si hoy me ves cantando al aire en tu silencio, golpeando y maltratando las noches que pasan sin quedar nada en mis recuerdos.

Necesidad de vivir instantes perdidos para descubrir que no fue ninguno tuyo, sino el que te cantaron: palabras vacías que golpean la pared de tu cuarto y desvelan un silencio prometido.

Tener y no dar se convirtió en un maltrecho juego que deja velar la verdad. Buscaré en el fondo de tus ojos, más allá de la reconfortable mirada; buscaré para no quedarme solo de palabras y escuálidos versos, y seguro encontraré lo que más allá de unas palabras desconozco... Silencio.


domingo, 17 de noviembre de 2013

Tu que sabras

Cómo expresar palabras que, sin enredos, locuras y sin ser mal juzgadas, sean a su vez simples y sinceras para llegar a convertirse en parte de un sentimiento; que, sin buscar llamar la atención, consigan tu interés por no acabar la última de las líneas. Que así se convierta en tu historia, una que pasó del verano al verano disfrutando el otoño y abrigándose en el invierno.

Cuando ellos se miraron comprendieron su error: una vida a rastras con lastre de sentimientos falsos que ocultan la realidad. Lo que fue en su día una tarde de verano se convirtió en un lunes para, pasado el jueves, volver a empezar.

Qué falso el sentimiento, qué cierta la verdad de que mirar sin ver es vivir sin respirar. De la cárcel de la rutina el carcelero la llave perdió, de la ventana de la celda sesenta y dos.

No hay jaula para ti, no hay jaula para el ruiseñor, no hay maldita celda de la que no se escapen la ilusión, la esperanza y el amor.

Casualidad, bella tarde de cadenas rotas, que rompe barrotes y encuentra a su manera cómo escapar.

Atada a su cintura, al collar de hierro, con su mirada puesta en el suelo, alzar la esperanza no te permite, pero tu música grita y gime. Hacer lo correcto fue siempre lo impuesto, amante de mentiras, de batallas perdidas, compañera insaciable de noches sin razón, sonrisas podridas...

Pero se partió, se rompió, se fue agrietando día tras día la celda sesenta y dos, y no fue por esperar, no fue por no luchar, no fue por no querer amar...

Fue por ti, por ese instante y esa mirada, por mi fuero interno luchando por salir. Qué sabrás tú qué es sentir una mentira que acabas creyendo, que repites hasta que sea real... Pero fue por ti.

Llegaste y sin decir nada se quebró, deshiciste mentiras convertidas en verdades, rompiste rutinas transformadas en realidades, hiciste del lunes el viernes y del mar un lugar calmado.

Lo que empezó como un reflejo en el cristal pasó a transformarse en un kafkiano disfraz; ya su reflejo no mostraba el cautiverio de una vida pasada de noches como esclava ni de días encerrada. Ahora se comenzó a quebrar la locura de la rutina por donde todos creyeron que se aguantaría...