Vieja silenciosa de mirada perdida en un tiempo que estuvo por llegar, abrazaste el trigo y amaste su grano.
No hay día sin lluvia que mire aquella calle y vea vieja esterilla tirada, mojada. Risas baldías se clavaron en mi recuerdo para maldecir el día que nunca llegó.
Sonreíste y callaste; maldito sea el mediodía en que tú, vieja, te marchaste. Ahora la sombra de la lluvia recorre mi calle y me recuerdas graciosa, tirada como lastre.
Aquí aún hay alguien que mira la lluvia y recuerda tus manos: viejas, cariñosas y dispuestas a dar lo que nunca esperaste. Recuerdos lejanos te quedaron y con ellos te marchaste...
No hay comentarios:
Publicar un comentario