Es sin duda la senda larga y frondosa,
un valle con caminos que parecen vereas,
es el destino el capricho de un loco,
aquel que se volvió al ver que se quedó sin senda por donde andar.
Malditos adoquines, sus pies se resienten y se para a
descansar en un bar,
un antro sin vino que ofrece a este loco un vaso de agua con sal.
Camarero grabado con aguja y dedal,
sus ojos cerrados miran gente insolvente de sentimientos que dar,
la mano en una copa, la otra en la boca y el humo de un cigarro a punto de
terminar.
Vete lejos del camino, sal por la verea, que tu destino
no es el sendero que otro te quiera mostrar,
navegas cerca sin perder el horizonte, ayudado por la mano que sostiene tu
timón.
Mujeres solitarias en noches pardas de miradas equivocadas,
qué fácil respirar de su fragancia y mirar en sus estancias el secreto que te
quiera mostrar.
Sal del
camino y piérdete en la era,
encuentra un destino lejos de ella,
¿o no te cansas de ser el capitán sin mar por donde navegar...?