Me dirijo a ti hoy porque me acabo de perder.
Me miro y no veo más que la simpleza en estos ojos. No encuentro en mis sentidos lo que tanto anhelo, ¿mi locura se fue? Será este lugar... o será la brisa que cada mañana me lleva más lejos de esos ojos tuyos.
Quisiera
escapar, desaparecer de este maldito rincón y dejarme llevar por cualquier
corriente, vivir y fondear en aguas más profundas.
¿Mi deseo? Escuchar estos pensamientos por encima de esa cruel melodía. Harto,
hastiado de cada amanecer... siempre igual, distinta sintonía con la misma
música, distinto día del mismo atardecer.
Quiero
apagarlo, así que muéstrame de nuevo el lugar donde se esconde el interruptor
y, de paso, no te olvides de ofrecerme el placer de tu mirada, tus caricias
meticulosas que sinuosamente recorrían mi cuerpo, esa sonrisa dura y difícil,
esos labios... Sí, por favor, de esos labios.
Me acabo de encontrar en tus pensamientos, curioso, ¿verdad?
Pero no más a tu lado Julliet.