Publicidad

viernes, 16 de agosto de 2019

Tiburones en los mares del sur

Se trata de que de toda experiencia saques una conclusión, ya sea buena o mala, de eso se trata. Y tú, ignorante, que piensas que todas las mentes son sanas, que tu buena intención te ayudará a descubrir los entresijos de la vida... al final te comes un mojón, pero de kilo y medio.

El pez grande siempre, siempre, siempre se comerá al pequeño, ley natural. Ya te puedas poner tú como te pongas y vayas con la intención que vayas, que si tu tarta es jugosa al otro se le antoja y, si puede distraerte, zancadillearte o directamente no andarse con rodeos, porque sabe que las tienes todas con él, se la comerá y aun así se quedará con hambre el muy animal.

Es ese problema social de la insaciable hambruna, no ya solo la del mundo en el que vivimos, que con lo que nos sobra alimentaríamos a medio planeta, o, aún peor, quitarles la materia prima para tratarla y dársela por un módico precio.

Son esas personas que, viendo que hay cookies para todos y sin necesidad de más, se las quedan todas para después encima vendértelas haciéndote un favor (¡toma ya!). Y si esto pasa en una pequeña comunidad en la que los agentes sociales no saben o no quieren poner medios para combatir esta desigualdad, qué me vas a contar de lo que somos en el conjunto de la sociedad. Pues un mero reflejo de esto que vivimos... luego viene el llanto.

Impuestos, IVA, tasas, médico, facturas... y luego a dormir feliz con Netflix, así nos va.

Tostada de jamón vs el pan tumaca

Ahora que tengo tu atención de la manera más sutil que sé, vamos a hablar de esa parte de la sociedad (entes detrás de pantallas) que, sin saber y, aún peor, ni molestarse por hacerlo, nos cuenta películas superficiales y comparte sus ridículas opiniones, que proliferan del cubo de la basura de las redes (entono el mea culpa, por ser quien usa igualmente esto para llegar a unos cuantos defectuosos sociales).

Frases absurdas con palabras de diccionario que solo gustan a tres y uno es su persona (a saber quiénes serán los otros dos), y que releerán y con las que sentirán que aportan a esta comunidad global un punto de vista crítico que les hará despertarse esta mañana con ganas de cereales ecológicos.

Voy a hacer algo que, por lo que se ve, se me da bien: simplificar un problema y desmenuzarlo, pero aviso de que no es nada que ya no se sepa. Es un problema común generado por la sociedad actual, la globalización y los medios de comunicación, entre otros...

Que te han vendío la moto, chaval, que tu cultura no es la mejor ni tu manera de vestir, y esa manera de dejarte el quiriqui o barba, eso es lo que quieren ellos que tengas y no ha surgido de ti para sentirte diferente. Es solo un método muy humano que usan en su favor (económico) para que te adaptes y pertenezcas a un grupo que vende, me da igual el nombre.

Esto hace que ese sentido de pertenencia limite tu rango y capacidad creativa de ver la vida y el entorno. Esta es la aldea global que, de la misma manera que nos informa, igualmente nos desinforma o neutraliza nuestra capacidad de empatía, y más aún cuando no sabemos usar los medios de manera crítica.

Y aquí es cuando surge el etnocentrismo, motivado por esa idiotización de la incapacidad crítica de observar los medios, donde creemos a pies juntillas que en cualquier lado del mundo las cosas se hacen de una manera absurda porque creemos que la nuestra es la correcta; véase tostada de jamón vs. el pan tumaca...

El desconocimiento cultural puede ser combatido desde una educación más social y apolítica que nos da una herramienta que, a la vez, puede ser un arma a favor o en contra de lo que esperamos de nuestra sociedad: la capacidad de elegir en esta democracia (ficticia, pero ya esto es otra historia) que nos intentan vender.

Así que, queridos defectuosos sociales que os habéis molestado en llegar a esta última frase, leed y viajad, que el relativismo cultural sea parte de todos.