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viernes, 19 de julio de 2013

Druso

Color chocolate.

Una tarde de sol por calles infectadas de gente,

solo a él lo escuchas y te enamoras,

el sonido de su voz te llenó la mente,

todo pelusa y de mirada inquieta,

siempre fiel a tus pies para vigilar.

No hubo ni habrá más amor incondicional

que el que te dio y aún le das.

Seguirá corriendo y andando por tus playas de canela,

te lanzará besos a los pies al son del rabito aquel,

fiel compañero de caricias y mañanas perezosas,

nunca te perdió de vista en sus idas y venidas,

acompañante silencioso en tardes de estudios y noches de insomnio,

compañero incondicional en paseos de barrio.

Ahora estás y luego te vas,

pero en tu corazón una gran pelusa quedará...

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