¡Cuánto ruido en mi cabeza! Qué mortal rasguido suena erizando y golpea insaciable esta fina piel que oculta el alma.
¿Dónde estás, mi silencio? ¿En qué escondrijo la has ocultado, ser que arañas y trepas el espinazo sin piedad?
¿Qué callas entre voces, qué buscas con la mirada en el vacío? Allí solo encontrarás frialdad y unos ojos tristes.
El porqué solo tú lo conoces, lo arropas con recelo y solo lo muestras temeroso al final, cuando te ves perdido.
Abriré las puertas...
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