No sueñes, no sueñes, baja de esa levedad. Fluye a ras y esquiva las durezas, disfruta los olores y entiende el tiempo.
Parpadea cien veces y bebe un sorbo, sonríe y busca en tu finito, revienta y vuelve a resurgir.
Córtate con el papel de la última carta, saborea la sangre metálica y tírate luego a contemplar su mismo cielo.
Disfruta del momento, de esa risa, melancolía, de un
instante que fluirá y se volverá un recuerdo.
No llores por nada, y si lo haces... hazlo desde lo más profundo para sentir
que cada lágrima es un motivo, una sensación y la frustración que añoras y no
volverá.
Sonríe, sueña, siente y vive.
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