El silencio acomodado se hace parte del tiempo que sostiene este minutero, viene con cada solsticio convertido en ese ser imperecedero para mecerte y hacerte dormitar en un susurro.
Canta sus nanas este monstruo del segundero, arrastrándote mar adentro, perdiendo las líneas hasta este punto sin retorno, de la vuelta al lugar que tan poco ansías pero tanto echaste de menos.
Creíste
impasible que nunca te alcanzarían sus dedos huesudos.
¡Oh, monstruo del tiempo! A cuántos te llevaste a tus arenas baldías, tierras
sin sombra, agua ni chumbera.
¡Oh, monstruo del silencio! ¿Dónde escondes los sonidos perdidos de palabras vacías, paladares secos y sonidos frenéticos?
¡Oh, monstruo mío! Enseñame a volver al tiempo de las pasiones para olvidar cómo esta rutina me sumerge en el abismo de la indiferencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario