Es igual que cuando apagas el último interruptor que te
quedaba encendido,
se crea ese silencio con ese pitido que nada lo acompaña y del que te quieres
liberar,
pero no puedes, imbécil, no puedes porque sigues enchufado.
Enchufado al cotilleo, a los 280 caracteres o a un
filtro que te dejará vendido,
mi alegría es que escribo para mí, nadie lo leerá y eso en cierta manera me
tranquiliza.
Lo sabes, vives sumergido en esa espiral de aburrimiento que te ha dado la red,
que neutraliza la creatividad y originalidad de tu lóbulo lateral inferior
izquierdo muy cerca de los pelillos del coraje,
abandona y comienza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario