Cómo empezar lo que ya terminó, ese suspiro que notas tan ligero del que no te quieres dar cuenta, ese escalofrío que te hace apretar los ojos, vencido y agotado. ¿Dónde están las lágrimas, amiga mía? ¿Se perdieron entre las caricias de tu mejilla o fueron absorbidas por los demonios internos para guardarlas en ese baúl de la esquina de tu cuarto? No hay palabras para nadie, nadie se las merece.
Está ahí dentro, sin salir, contenido o abrumado por el caos que reina en el aljibe. Está estancada esa agua para el sediento gorrión que ve partir sus crías sin ya poder acompañarlas... ¿Qué crías?
El silencio llega, el vacío permanece, la música lo sofoca y tu aliento se desvanece... Recuerdo la miel en mis labios rasgados de días sin agua, quedará aún lejos el fantasma en tu lecho, ya lo siento más cerca en esta noche de abril... ¿A quién maldigo? ¿A la luna? ¿Qué culpa tiene el árbol del acero que le golpea, qué sentido el calor de la candela? Qué locas estas palabras.
¿Y si termina esto... es tarde? Estoy agotado, escupo humor y aspiro mis quejidos.
Sonríe y deja la queja para cuando te dejen tirado, consciente y cabreado, en el estercolero del silencio y la estupidez. Vuelve el odio que te machaca por ser un cobarde... pero sonríe.
Qué locas estas palabras.
Cuándo termina esto, yo lo sé... cuando yo quiera, sin sutilezas ni menosprecio, sin rencores y con ganas de sentirlo. Eres esclavo del todo: palabras, acciones, silencios y reacciones, todas ellas te condenan y son suficientes para sentir sobre tu gañote la tiranía del tirano. Sin rencores, tranquilo, te veo tenso en esa silla de brazos y pies cruzados.
Hay un amigo en mí que lo que quiere es amarte locamente sin contemplaciones ni miedos, sin frustraciones ni sus propios parapetos... ¡que florezca! Como lo hacen todos los demonios que llevo dentro.
Cierra y vete, vete lejos de esta turba aburrida de vivir que llena los muros con burlas, miradas y palabras vacías. Esto no se sostiene ya más... Cuando te des cuenta, los lustros pesarán más que tu sonrisa y para entonces estarás podrido en una esquina de esta maldita habitación escuchando tu propio lamento.
Vete, amigo mío...
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