Se va, la ola que te golpea distraído vuelve a su mar, con la misma fuerza e intensidad... se va.
Sus besos, esos y ese olor que te invitan a tocar... se lo lleva todo, hasta su sabor a sal.
Me quedo con el resto o los restos, a saber... lo que es seguro es que con una mano delante y otra detrás.
No supe nadar, ni a favor ni contra marea, esa es la única verdad. Me jondeó la ola por la orilla, tragué agua hasta vomitar y luego está la arena... por toda la cabeza, ojos y hasta en los bolsillos la tengo que encontrar.
Aquel velero que mendigaba un soplo hacia aguas por doquier y allí uno achicando despacio... tan despacio.
Demasiada agua o demasiada tierra, qué más da... me quedo con mis ahogadillas, mi no dar pie y el chapotear buscando un punto que ya no está.
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