Anoche, solo con mis infinitos dilemas, me metí en la cama; con una ausencia irremplazable me escurrí entre las sábanas... Cuando desperté sentí el calor de ese animalito, que seguro eché frustrado de mi lado cien veces, pero allí estaba, enroscado entre la almohada y mi brazo, apretado contra mí. Y lloré...
Luego me arañó, mordió y le grité, pero hubo un instante donde creí y eso me bastó.
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